domingo, 13 de junio de 2010

"Tengo derecho a la existencia"

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Existen holgazanes por indolencia y debilidad de carácter, por bajeza de su naturaleza. Si piensas esas cosas de mí, puedes considerarme como una de esas personas. Pero existe otro holgazán, el que lo es contra su voluntad, que se consume en su interior por el vehemente deseo de una actividad, que no hace nada porque le resulta imposible hacerlo, porque vive prisionero de algo, porque no tiene infortunio; un hombre así, algunas veces no sabe ni él mismo qué puede hacer, pero siente instintivamente: “¡No obstante, sirvo para algo, tengo derecho a la existencia! Sé que podría ser un hombre totalmente distinto. Pero, ¿en qué podría ser útil, para qué podría servir? Tengo algo dentro de mí… pero, ¿qué?” Este es un holgazán completamente distinto. Si quieres, puedes considerarme uno de ellos.

Un pájaro en su jaula sabe muy bien, en primavera, que hay algo más para lo cual sirve, sabe muy bien que hay algo que hacer, pero no puede. ¿Qué es? No puede recordarlo muy bien. Le vienen entonces vagas ideas y se dice: “Los otros construyen nidos, tienen pajaritos y crían la nidada”; entonces, se da cabezazos contra los barrotes de la jaula, pero la jaula sigue ahí, y el pájaro está loco de dolor. “¡Miren ese  holgazán! - dice otro pájaro que pasa volando -, es como un jubilado.” Pero el prisionero sigue vivo y no muere; nada de lo que pasa en su interior puede apreciarse exteriormente; está bien de salud y cuando luce el sol se siente más o menos alegre. Entonces viene el tiempo de las aves migratorias. Una depresión. “Pero… tiene todo lo que necesita”, dicen los  niños que le cuidan en su jaula. Mas él ve el cielo tormentoso, y en su interior siente indignación por su suerte. “Estoy en la jaula, estoy en la jaula y nada me falta… ¡tontos! ¡Tengo todo lo necesario! Pero, por Dios, necesito la libertad, ser un pájaro como los demás…!”

Un hombre holgazán así se parece a un pájaro holgazán como éste… Ni siquiera es posible decir siempre qué es lo que encierra al hombre, lo que le rodea de muros y parece enterrarle; no obstante, se sienten las barreras, las rejas, los muros.
¿Es todo eso imaginación, fantasía? No lo creo. Y entonces me pregunto: Dios mío, ¿durará mucho, será para siempre, para toda la eternidad?
¿Sabes?… Lo que hace desaparecer la prisión es el afecto profundo y serio, ser amigo, ser hermano, amar. Eso abre la prisión con su poder soberano, con su hechizo poderoso. Quien no lo tiene está como muerto.
Pero ahí donde nace el amor renace la vida.
Algunas veces la prisión se llama prejuicio, malentendido, desconocimiento funesto, desconfianza, falsa vergüenza.



Carta de Vincent Van Gogh enviada a su hermano Theo.
... parece que soy ese pájaro

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