Las decisiones, por malditas que sean son la determinación de algún posible futuro... tan delicadas y asquerosas como un bebé.
Por más que alargarse el tiempo, aparecen al final con un grito insoportable arrastrándonos a la decisión mas pronta; sin previo mensaje y sin ninguna explicación. Dolorosas y sofocantes, siempre se salen con la suya... sin visceras ni sentimientos. Bofeteando al debíl, confundiendo al decisivo pero matando de miedo al infortunado. Dejando heridas vivas, aleteando en la cara de la desgracia, o sonriendo en la sigilosidad.
martes, 12 de abril de 2011
domingo, 10 de abril de 2011
Querida Laureitor...
-carta segunda-
Éstos últimos días he dejado una marca involuntaria en mi rostro bajo mis ojos; que significan lo mucho que me dedico a pensar por las noches. Reflexionando todo lo que aún no puedo solucionar, escuchando el silencio que es igual en todas partes, y aún sigo sin recibir una respuesta literal.
No pasa un sólo día en el que me despierte con ánimos de continuar, ó de escuchar el silencio hablar, comienzo a hacerme su amiga, y es agradable la tranquilidad que ahora tengo, pero sabes? el goze de tanta paz, ya no es gratificante, a veces empalaga y deseo vomitarlo.
El silencio me acompaña, aquél sonido armoniza mis pensamientos entablando largas conversaciones mutuas, que, casi siempre terminan con la -aún no respondida pregunta- sobre ti. Sobre tu vida, sobre lo duro que quizá estés pasando, mientras yo escribo ...
Y... claro, sobre mi pútreda vida; ojalá pudieses escucharme a mi, y no sólo a mi silencio.
-carta segunda-
Éstos últimos días he dejado una marca involuntaria en mi rostro bajo mis ojos; que significan lo mucho que me dedico a pensar por las noches. Reflexionando todo lo que aún no puedo solucionar, escuchando el silencio que es igual en todas partes, y aún sigo sin recibir una respuesta literal.
No pasa un sólo día en el que me despierte con ánimos de continuar, ó de escuchar el silencio hablar, comienzo a hacerme su amiga, y es agradable la tranquilidad que ahora tengo, pero sabes? el goze de tanta paz, ya no es gratificante, a veces empalaga y deseo vomitarlo.
El silencio me acompaña, aquél sonido armoniza mis pensamientos entablando largas conversaciones mutuas, que, casi siempre terminan con la -aún no respondida pregunta- sobre ti. Sobre tu vida, sobre lo duro que quizá estés pasando, mientras yo escribo ...
Y... claro, sobre mi pútreda vida; ojalá pudieses escucharme a mi, y no sólo a mi silencio.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)